top of page

¿Encuentra tu mejor versión?

  • Foto del escritor: Omar Haddad Segura Landin
    Omar Haddad Segura Landin
  • 7 jun
  • 2 min de lectura


“Encuentra tu mejor versión” se ha vuelto casi un ideal incuestionable. Vivimos en una época que nos invita —o nos exige— optimizarnos constantemente: ser más productivos, más equilibrados, más exitosos, más felices. Como si cada uno fuera un proyecto inacabado que necesita renovarse igual que cualquier producto del mercado. Bajo esa lógica, el malestar aparece como un fallo que debe corregirse y la angustia como un obstáculo que impide alcanzar esa versión mejorada de uno mismo.


Muchos llegan diciendo justamente eso: que quieren trabajar en sí mismos para convertirse en su mejor versión. Y, sin embargo, lo que empieza a aparecer en el análisis no es una lista de mejoras posibles, sino algo mucho más incómodo. Aparecen repeticiones que no encajan con la idea de progreso, elecciones que no responden a un cálculo racional, síntomas que no desaparecen solo con voluntad. El síntoma no es un error que deba eliminarse para rendir mejor en la vida; es una formación que tiene historia. El análisis no se orienta a perfeccionar el yo, sino a interrogarlo al sujeto.


Y quizá ahí se produce el verdadero movimiento: no en convertirse en alguien “mejor”, sino en dejar de exigirse encajar en una imagen ideal. Cuando alguien puede reconocer que no todo lo que le pasa es culpa del otro, cuando empieza a notar sus propias repeticiones sin justificarlas ni castigarse, cuando se permite tomar decisiones que antes parecían impensables, algo cambia. No es una transformación espectacular ni una versión optimizada de sí mismo; es una forma más honesta de habitar la propia vida. En una cultura que empuja a rendir incluso emocionalmente, poder detenerse, escuchar lo que duele y asumirlo sin maquillarlo ya es un acto profundamente subversivo.



Comentarios


bottom of page