¿Qué tanto poder tiene un analista en el paciente cuando se hace la transferencia?
- Sofía Aguilar Corral

- 10 jun
- 2 min de lectura

A raíz de una conservación que se dio con el grupo mientras esperamos la calificación del examen pasado, me surgió esta duda y al ser tema que me toca exponer sentí una gran curiosidad sobre el poder que tiene el analista sobre un paciente.
La transferencia le da al analista un poder muy grande dentro de la vida psíquica del paciente, pero ese poder no surge porque el analista lo busque directamente, sino porque el paciente deposita en él emociones, deseos, miedos y figuras importantes de su historia infantil.
En el texto, Greenson muestra que el analista puede llegar a ocupar inconscientemente el lugar de un padre, una madre, una figura amada, alguien temido, o incluso una figura idealizada. Eso hace que lo que el analista diga, calle o haga tenga un impacto emocional mucho más profundo por la posición que le da el paciente. Por ejemplo, el silencio del analista puede vivirse como abandono, rechazo o castigo; una interpretación puede sentirse como comprensión o como ataque.
Creo que ahí entendí que el poder del terapeuta puede ser real o fantasioso pero se da de forma inconsciente. El paciente no se relaciona únicamente con la persona real del analista, sino con todo lo que proyecta en él, lo que da un poco de miedo es saber que afuera hay analistas que usan ese poder de una forma inadecuada. Por eso Greenson insiste tanto en la neutralidad, la abstinencia y el cuidado técnico, el ser reservado con el paciente con su historia de vida, porque cualquier necesidad narcisista, ideológica o afectiva del analista puede influir muchísimo en el paciente.
Si el analista necesita sentirse admirado, querido, indispensable o salvador, podría aprovechar inconscientemente la transferencia y generar dependencia emocional, idealización o sumisión. Greenson menciona incluso que ciertas actitudes del analista pueden distorsionar profundamente el análisis.
Al mismo tiempo, el texto me ayuda a ver que el objetivo del psicoanálisis no es que el analista conserve ese poder, sino que el paciente pueda comprender de dónde viene esa intensidad emocional y recuperar mayor libertad psíquica. Es decir, la transferencia primero coloca al analista en un lugar de alguien del pasado, pero el análisis busca usar eso para identificar de dónde y de quien viene eso para no repetir inconscientemente esos vínculos infantiles.
Como alguien que apenas inicia su propio análisis, debemos tener presente la responsabilidad ética que tenemos y cómo no darle importancia a esto puede afectar vidas. Hay que reconocer cuánto puede influir en el paciente nuestra presencia, nuestras palabras e incluso nuestros silencios. Creo que por eso el análisis personal del analista es tan importante para no actuar inconscientemente sobre ese poder que se puede llegar a tener en un paciente.


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